Mensaje en una botella – Verano slow con Homeaway

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Hacía poco que acabábamos de llegar, apenas nos había dado tiempo de dejar las maletas en la casa, hacer el sorteo de las habitaciones e investigar un poco nuestro nuevo hogar. Es curioso que una de las primeras cosas que siempre se hace, casi como si fuera un ritual, es agacharse y tocar el agua de la piscina. Es verano y estamos en las Islas Baleares, en Menorca, ¡obviamente el agua de la piscina tiene que estar buena! Pero aun así, parece que tienes una obligación personal de comprobarlo por ti mismo.

verano slow con Homeaway

La casa elegida para nuestro verano slow con Homeaway

Poco tardamos en prepararnos para ir a la playa más cercana. De camino desde el aeropuerto y en el coche que habíamos alquilado, habíamos parado en un supermercado, para comprar la comida de al menos los primeros días. Así que nos decidimos a llevarnos lo necesario para hacernos unos bocadillos y cenar en la playa viendo la puesta de sol.

Estas vacaciones iban a ser unas vacaciones entre amigos. Tras acabar la universidad, cada uno había tomado un camino y más de uno hacia un país diferente, así que estas vacaciones no eran unas vacaciones cualesquiera, sino de reencuentro, de anécdotas, de risas y sobre todo de pasarlo bien. Hacía ya unos meses que había surgido esta idea de vacaciones, y… ¿quién puede decir que no a irse en verano a la playa a una fantástica casa con sus amigos? Nos habíamos decidido por alquilar un chalet en Cala Pi, y por el momento había sido todo un acierto. Es una casa de cuatro habitaciones, muy cerquita de la playa, y con unas vistas impresionantes. El hecho de que tuviera piscina propia fue sin duda lo que nos terminó de convencer, aunque a decir verdad, no fue muy difícil.

No tardamos nada en llegar a la playa y viendo que el sol aún tardaría un poco en ponerse, tardamos aún menos en dejar nuestras cosas en la arena, extender las toallas y querer meternos en el agua. El agua tenía esa temperatura en la que al principio cuesta meterse un poco, pero una vez te acostumbras, no quieres salir de allí, y no lo hicimos hasta que no tuvimos las yemas de los dedos completamente arrugadas y vimos que pronto se iba a poner el sol.

Comenzamos a prepararnos los sándwiches y sacar las patatas que habíamos traído para picar y las latas de bebida. La cena… no estaba mal. Sabor a playa, lo llamo yo. Es ese sabor, que, estando en la playa, hace que las cosas crujan, como si estuvieras comiendo un sándwich de paté a l’aren, básicamente. El primer día culminó con una gran puesta de sol, y bueno, con más risas en la piscina cuando volvimos de nuevo a la que sería nuestra casa durante la siguiente semana. La primera noche de un viaje siempre es de las más divertidas. Todo el mundo tiene ganas de pasárselo bien, de risas, y hay una emoción latente de lo que depararán las vacaciones.

   

Los siguientes días fueron de relax, de disfrutar de la casa, del sol, de la sombra, de la piscina, de la playa, de hacer turismo, de salir, de hacernos fotos y vídeos, de tomarnos mojitos caseros en la piscina… pero sobre todo, de disfrutar de la compañía. Habíamos empezado a utilizar la barbacoa del jardín, que es algo que si tienes, no lo utilizas nunca, pero que si no lo tienes, vas a utilizarlo toda la semana, y donde rige la norma sobrenatural de “en mi casa se hace así”.

Esta norma es hermana de “en mi casa se juega así” que también se pronunció varias veces esa semana al jugar a las cartas o juegos de mesa que había en la casa, con la que se consigue distraer las trampas que se intentan hacer. Porque reconozcámoslo, es inevitable que no haya trampas jugando al Monopoly o alianzas capaces de gobernar el mundo en el juego de El Padrino. Pero si hay un juego con el que disfrutamos especialmente, es el UNO. Desde que nos conocemos, no ha habido un año en el que no hayan variado al menos ligeramente un poco las normas del año anterior, por lo que se hacen difíciles de explicar a cualquiera que no haya jugado antes con nosotros. Pero es que claro, “nosotros jugamos así”.

   

Es increíble lo rápido que pasan los días cuanto te lo estás pasando bien. Ya estábamos al final de la semana y para nuestro penúltimo día habíamos preparado una excursión a una cala cercana de la que habíamos leído que era perfecta para hacer snorkel. Llevábamos con nosotros todo lo necesario, y también llevábamos la cámara acuática que habíamos utilizado hasta entonces mientras hacíamos el tonto en la piscina. Mientras nadábamos entre los peces de colores brillantes e intentábamos seguir a los bancos de peces, de repente, sin darnos cuenta, llegamos a las primeras rocas que formaban aquella pequeña cala. Entre dos de ellas asomaba algo que parecía estar atascado. Cuando nos acercamos un poco más pudimos ver que era una botella de plástico. Sólo fue cuando la cogimos, pensando en tirarla a una papelera en vez de dejarla allí, cuando vimos que tenía una hoja enrollada en su interior.

Desde siempre hemos oído hablar de enviar un mensaje en una botella, pero una cosa es oírlo, y otra completamente distinta es tener una botella de esas en tu mano. Nadar de vuelta a la arena se hizo demasiado largo, con las ganas que teníamos de leer el mensaje. Una vez estuvimos en la orilla y nos secamos las manos, abrimos aquella botella. Sólo había una cita en aquella hoja, que podía llevar dando vueltas años, y era la siguiente: “No viajamos por viajar, sino por haber viajado”, Alphonse Karr.

Hubiera sido una culminación perfecta del viaje, si todo esto hubiera sucedido. Pero no, este viaje no ha tenido lugar, aunque podría hacerse realidad si ganamos el concurso de Verano slow con Homeaway para una estancia en una de sus casas en el próximo #TBM Gijón.

Editado: ¡Hemos quedado entre los cuatro finalistas!

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On 28/04/2014
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